Deja que las cosas se asienten.
Respira lento y profundo.
No digas nada.
Diluye el tiempo.
Primero en ceros y unos.
Sístole y diástole.
Verás que todas ellas aparecen.
Largarás la mano y soltarás el cuerpo.
No hay depredadores, solo un inmenso canto de mar.
Que llega y se va en movimiento perpetuo.